domingo, 2 de abril de 2017

Crónica de un corazón morao

Lo de anoche no tiene calificativos, no hay palabras para expresar lo que se vivió durante los 45 minutos más emocionantes que este servidor ha vivido (fuera del Viernes Santo) durante los últimos años cofrades.

Por muchas palabras que digamos, nos quedaríamos cortos; "sin palabras", esa fue la máxima expresión que nos salía del alma apenas dos minutos después de escuchar el clamor popular que aplaudía al emocionado pregonero tras su intervención.

Un pregón nazareno, un pregón directo, sin redundancias, elegante y fino, transversal y conmovedor, emocionante, con una prosa sublime y una lírica rítmica. Momentos de emoción, de mucha emoción, recuerdos añejos y vivencias en las que todos nos sentimos identificados.



Pero claro, algo tan grande no podía sino tener un prólogo digno de una obra shakespeariana. Don Manuel Pérez, señor trompetero, cabo perenne del Tercio y digno creador de una antesala que hacía que nuestras trompetas empezaran la faena con el pie derecho.

Y luego, llegó él, nuestro hermano, nuestro pregonero, Don Manuel Gámez. Todos te dijimos lo que sentíamos en ese momento y nuestras caras lo reflejaban. Un texto sublime, un pregón de los pies a la cabeza, sin más. Para muchos de nosotros, algo que quedará en el baúl de los recuerdos por muchos años, haciendo uso de vivencias antiguas, pero también recientes, muy recientes.

Ya lo dijiste anoche, incluso antes de ser concebido, ya eras nazareno, y eso se notó Manuel. Olé por ti.

Un trompetero no es ni mejor ni peor, es diferente.

Gracias por la noche que nos regalásteis ayer señores. Mateo estará muy orgulloso de vosotros.

La foto que cierra este texto define a la perfección a todo nuestro Tercio. Como ha dicho un Cabo: "Hermandad, amistad y respeto".

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